El viejo Cañola: una vida navegando entre el servicio, la solidaridad y el río Magdalena

Con 33 años de servicio en la Policía Nacional y más de dos décadas en el servicio fluvial, el subintendente Naudin Cañola Mena se ha convertido en un referente de compromiso y solidaridad para pescadores, transportadores y comunidades ribereñas del Magdalena Medio.
  • Un policía navegando en el río magdalena.

Tenía apenas dos años cuando Colombia vivió uno de los acontecimientos deportivos más importantes de su historia. Era el 28 de octubre de 1972 y Antonio Cervantes, el inolvidable Kid Pambelé, derrotaba por nocaut al panameño Alfonso “Peppermint” Frazer, convirtiéndose en el primer colombiano en conquistar un título mundial de boxeo. Mientras el país celebraba aquella hazaña, comenzaba a escribirse la historia de otro hombre que, con el paso de los años, también se ganaría el respeto y el cariño de muchas personas, aunque lejos de los cuadriláteros.

Su nombre es Naudin Cañola Mena. Nació el primero de enero de 1970 en La Loma, Bojayá, Chocó, una tierra del Pacífico colombiano. Hoy, a sus 56 años, acumula 33 años vistiendo el uniforme de la Policía Nacional y, en el Magdalena Medio, pocos necesitan que les expliquen quién es. Pescadores y transportadores lo conocen sencillamente como “el viejo Cañola”, un apodo que encierra más cariño que años.

Su historia tomó un rumbo particular cuando llegó al servicio fluvial. Durante más de dos décadas ha recorrido las aguas del río Magdalena como piloto de embarcaciones policiales y fue uno de los fundadores de las operaciones de esta especialidad en la región. Allí aprendió que el río no perdona las distracciones y que la responsabilidad de quien está al timón va mucho más allá de conducir una embarcación.

“Quienes conocemos el río Magdalena sabemos que aquí no hay margen para el error”, cuenta Cañola. Lo dice con la experiencia de quien ha tenido bajo su responsabilidad la seguridad de otros uniformados. Cada salida representa una misión, pero también el compromiso de regresar con todos sus compañeros sanos y salvos.

Lo curioso es que buena parte de su reconocimiento no proviene únicamente de sus superiores, sino de los hombres y mujeres que viven del transporte fluvial. Entre Barrancabermeja, Cantagallo, San Pablo y Morales ha construido amistades que han perdurado con el paso del tiempo. Allí, el uniforme nunca ha sido una barrera para conversar con un pescador ni para tenderle la mano a un navegante en dificultades.

Ramiro Escobar Arroyo, exalcalde de Cantagallo y representante de Cootrafluviales Unión Limitada, lo conoce desde hace más de 25 años. Ha compartido con él buena parte de su trayectoria en el sector fluvial y recuerda especialmente las ocasiones en las que Cañola ha auxiliado a compañeros cuyas embarcaciones quedaron averiadas, incluso cuando transportaban pasajeros.

“Nosotros lo tenemos como un compañero más del trabajo en el sector fluvial”, asegura Escobar.

Su testimonio permite entender por qué aquel policía chocoano se ha ganado un lugar especial entre los trabajadores del río Magdalena. No ha sido por hablar más fuerte ni por imponer su autoridad, sino por su disposición para ayudar, su solidaridad y su voluntad de socorrer a quienes lo necesitan.

El escritor cubano José Martí dejó una frase que parece resumir esta historia: «Hacer es la mejor manera de decir». Y eso es precisamente lo que Naudin Cañola Mena ha demostrado durante sus años de servicio. En un río donde las dificultades pueden aparecer sin previo aviso, una mano amiga, una acción oportuna y la voluntad de ayudar valen mucho más que cualquier promesa.

Porque detrás del uniforme hay un hombre que ha hecho del río Magdalena su lugar de servicio y de la solidaridad su mejor carta de presentación. Para muchos, seguirá siendo simplemente el viejo Cañola: ese policía que, además de navegar las aguas del Magdalena, ha sabido ganarse un lugar en el corazón de quienes las recorren.

Dios y Patria.